II Certamen Infantil de Poesía en Panocho.
8 a 10 años.

1.er premio.
Un crio de mi escuela.
Marta Balsalobre García.

2.o premio.
Er panocho.
José Francisco Rubio Sánchez.
11 a 13 años.

1.er premio.
Chero ser güertano.
Jesús Ballesta Murcia.

2.o premio.
Los zagales de abora.
José Antonio García Romero.

14 a 16 años.

1.er premio
La matanza de la Petra.
Miriam Balsalobre García.

2.o premio
La agüela.
Aroa Carrillo Cárceles.

Fuera de concurso
Er Canelo.
José García Rabadán.


Un crio de mi escuela
 

Chien tie la culpa Dios mio,
qu'esto es una trigedia,
cuando miro pá la güerta
aprieto er puño con juerza
y mas que mi paire me ice
que la güerta ya no es la güerta.

La güerta era la alegría der probe,
de la familia la despensa
era er lugar de juego
de los crios de la güerta.

La playa ande bañarse
en er partior y en la cieca
pasando toico er día
buscando nios de merlas,
comiendo abercoques verdes,
malacatones y habas secas,
Y pasaba er año
sin calenturas ni penas,
era como una escuela
de costumbres no moernas.

Allí aprendían las zagalas
hacer punto pá las medias
amasaban un buen pan
haciendo migas ruleras,
a veces picaban oliva

  hacían tomate en conserva
a mi me gustaba ayudar
metiéndolo en las botellas
rempujándole con un palico
que me daba risa de verlas,
y que güeno estaba er tomate
a la merienda
con un chorrico d'aceite
y un puñao d'olivas negras.

Eso era aprender las costumbres de la güerta,
que no chiero que pase como un crío de la escuela
que no sabía lo que era un nabo
un tomate o una breva.
Dicen que lo vendían en la botica
que se lo dijo su agüela
q'allí vendían higos chumbos
pa freierlos en la cazuela.

Y yo le dije, animal
que es lo que dice tu agüela
los chumbos los tenemos en la güerta
y los crían las paleras.
Que la botica solo vende
engüento pá los granos
supositorios par culo
y antiojos pá las festias.

 

 

Marta Balsalobre García.

 

 

1.º Premio edad de 8 a 10 años

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Er panocho
 

Soy nació en la Galapacha
y criao allí mesmico
ar laico d'una tomatera
lo mesmico qu'un crillo.

Sé er panocho de pe, a pa
unque no chera idirlo,
poique icen qu'ese habla
hace tiempo s'ha perdío.

  ¡Maere mía que mentira más jrande
quien esto lo haya dicho!
poique er panocho está prisente
en toa Murcia ista ener Lugarico,
y que me lo pregunten a mí
que yo, enseguía se lo desprico.

 

José Francisco Rubio Sánchez

 

2.o Premio edad de 8 a 10 años

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Chero ser Güertano
 

Er puel-lo de Maciascoque
sigún me cuenta mi maere
comenzó con una casa
pero, una casa mu jrande
ande en mitá e la güerta
prencipió a esarrollarse.

Jué antonces qu'er güertano
trebajó con toas sus juerzas,
plantando panizo y crillas
y toiquias nuestras berzas.

A luego s'hacieron casas,
d'atobas cuasi toas ellas,
er probe, asina sin escanso
durmiendo na más la siesta
que las noches las pasaba
trebajando con la fresca.

  Abora tenemos un puel-lo
que paice una capital,
ca ves más moerna.

Yo, como zagal güertano
unque nacío enestas fechas,
m'sace la boca agua
cuando mi maere me cuenta,
qu'ella de cría jubaba
por bancales y aciecas.

Yo chero seguir la marcha
como los antepasaos l'hacieran;
empinando un puel-lo grande
¿Pero... onde está nuestra güerta?

 

 

Jesús Ballesta Murcia

 

 

1.er Premio edad de 11 a 13 años.

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Los zagales de abora
  Semos mu afortunaos
los zagales de esta era,
los mesmo si son de pueblo
de campo u de la güerta.
  Las zagalas jubaban
a las chinas y a la comba,
y tamién se divirtían
jubando al sol y a la sombra.
 
  Po'según dice mi paire
en esos tiempos pasaos,
los chicos y los más grandes
vivían mu atrasaos.
  Si los quitan el D.V.D.
a los zagales de abora,
los aburriríamos en na
sin tener vrideo-consola.
 
  No había telefisión
ni tampoco había consolas,
y to los crios juegaban
a las trompas y a las folas.


No se puede comparar
el pasao con el presente,
poique antes pa jubar
tenían despejá la mente.
 
  Juegaban tamién ar marro
a la ruea del apargate,
ande te ponían er culo
colorao como un tomate.


 
 
 

 

José Antonio García Romero




 

2.o Premio edad de 11 a 13 años.

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La matanza de la Petra
  Arriba en er partior
ar laico de la cieca,
oía un zurrío grande
de parmas, bromas y carrucheras.
Me jui a la casa der Tío Juan
pá que me dijera que era:
- No te preocupes zagala
que es una cosa güena
hoy están de matanza
en la casa de la Petra,
cosa que hacen tos los años,
con marranos que ellos mercan
ampiezan comiendo morcillas,
cociéndolas en la caldera
y están to er día comiendo,
terminando en cagalera,
pero eso no es to zagala.
Se comen las salchichas,
los hígados y rechigüelas
poniéndose la barriga
como la panza de la cherra.
- Güeno Tío Juan,
yo me voy a subir p'arriba
haber si efiso hoy
lo que no efisao en mi vía.
Allí estaban asentaos
ar sol en la mesma puerta
estaban esfalijaos
de comer con tanta juerza,
con las patas astirás
y corgando la caeza,
  paecen que iban a espichar
antes de acabar la juerga.
Prepararon las morcillas,
toas atas en rilachera,
sin pararse pá mascarlas
tragándoselas enteras,
allí estaban hechas pepas
comiendo tocino asao,
bebiendo vino y cerveza,
qu'a Dios le decían de tu
sin reparo ni vergüenza
con un hipo que tenía
que paecía la disteria.
Eso era la nieta de la Petra,
la Micaela y la C'herla,
que empezaron gomitando
y cagando como festias,
y las llevaron al médico,
que en la Arrixaca las vieron
las pusieron en remojo
pá quitarle toa esa mierda,
pá hacerle trasplante de estomago,
de marrano u de cherra.
Teniéndolas sin comer
dende San Juan a la feria.
Cuando las trujeron a su casa
le pidieron a la agüela,
un peazo morcón
y una sera de habas tiernas
pos estaban sin comer
dende la matanza de la Petra.
 
 

 

Mirian Balsalobre García




 

1.er Premio edad de 14 a 16 años.

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La Agüela
  La agüela ya era mayor
con su moñico redondo
y su carica tan fina
siempre se arecordaba
de cuando jué una zagalica.
  A lo mesmo te forraba una botella
que te hacía una cetica
con los zagalicos jugaba
como si juera una zagalica.
 
  Vivía en la barraca
y bailaba la jotica
le gustaban las malagueñas
y tocaban bien las postizas.
  Le gustaban las palomas
y con ella bien comían.
 
  Saltaba los brazalicos
y se bañaban en sus aguas limpias
siempre decía ella
que había sio una cabrica.


Hay agüela... agüela
Que persona mas quería.
 
  Le gustaba hacer esparto
y te hacía maravillas.


 
 
 

 

Aroa Carrillo Cárceles




 

2.o Premio edad de 14 a 16 años.

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Er Canelo
 

Argo se sintía,
argo de misterio,
se parpaba en el aire qu'estaba
durmío en er silencio;
acuestao en er catre las ramas
asperando allegara er momento.

Ar fín, en l'artura, zumbó la borrasca
rempujá por juerzas salías del infierno.
El aire bramaba,
sirbaba en las copas sin brias ni freno;
encendían los llampos toica la güerta,
daba miéo vel-lo, sintíl-lo, tenel-lo,
encima e la caeza com'una amenaza
que soliviantaba la miente y los niervos...
En un momentico na más llovía tanto
que naíca se vía a menos d'un metro;
y allá, por la senda,
cálao hista los güesos,
llenético barro, pegando alaríos
vié corriendo un perro;
tié to la pelambre e color canela
asin que, por eso,
ende chiquitico, er tío Blas le puso
e mote: Canelo.

Ar llegar, rempuja la puerta que s'abre
y se cola dentro.
Allí, la tía Juana
rezando er Trisagio, la Sarve y er Creo,
atrás d'un ventano mira entremecía
la qu'está cayendo...
Er perro s'acerca
y'a to su alrreol da güertas inchieto;
y ladra, y la mira con ojos vidrosos,
ojos que son pozos d'ambustia to llenos;

  y'ella, berruntando anguna trigedia
se va sus pasicos siguiendo
por to la sendica,
zarpeando en el barro con priesa y con mieo.

Der cielo espiadao
el agua siguía cayendo.
Toíco s'encendía con las culebrinas,
zumbaban los truenos,
y'eran tan seguios los llampos, qu'a veces,
paicía qu'en la güerta estaba to ardiendo.
Ar llegar ar sitio, er perro se para.
Los llampos encienden to er cielo,
y'esfisa la probé tía Juana, ar tío Blas,
cuelgao en la rama d'un árbol sinietro.
Chié dar un chillío y no pué
que la vos no le sale der cuelpo,
y com'una estauta se quea pará,
pegaíca en er suelo,
lo mesmo, lo mesmo, qu'una dolorosa
sencajá la cara y los frazos abiertos.
Y, cuando hablar pué
metiendo un chillío qu'allega hista er cielo, apreta los puños mardiciendo al amo
por ser tan preverso,
por ser tan canalla y'hacer lo qu'ha hecho: quitarle la tierra y ejar a sus nenes
sin paire, sin pan y sin techo.

Abajo del árbol
tendió en er barro, lloraba er Canelo...
¡Cuantas feces, mejor que los jombres,
se portan los perros!

 

 

José García Rabadán.

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